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El poder de los libros: ¿qué papel tienen en los vínculos comunitarios y familiares?



Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros;
hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua;
en lo que a mí se refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros.
Jorge Luis Borges



Por Andrea Leal

Una travesía transoceánica


Era una tarde como cualquier otra para Mariela Mendoza. En las historias de Instagram de su proyecto Buscadores de libros publicaba la portada de algunos de los libros que tenía disponible para intercambio o adquisición. Su organización, que lleva 15 años dedicada a la promoción de la lectura, el arte y la educación en la sociedad venezolana, tiene sede en Puerto Ordaz. Había de todo: literatura venezolana clásica, últimas ediciones de Harry Potter, textos de auto-ayuda, ejemplares tapa-dura de El Quijote de la Mancha, comics de todos los gustos y géneros; y una peculiar biografía del cantante Michael Jackson. Fue este último libro el que captó la atención de Rekha, apasionada fan del rey del pop que, para aquel entonces, vivía en Pokhara, una ciudad fluvial ubicada en el centro de Nepal.

Pokhara es la segunda ciudad más grande de Nepal, después de Kathmandu. Foto: Utsab Raj Giri.

Sí. Nepal. A 15 021 km de Venezuela. Lo que se traduce para un viajero en 28 horas de travesía en avión. Es decir, literalmente, al otro lado del mundo. Pero gracias a la magia de Instagram y a una más poderosa, el amor por los libros y su capacidad de generar conexiones humanas, Mariela en Puerto Ordaz y Rekha en Pokhara conectaron, se siguieron en sus respectivas cuentas sociales y decidieron hacer realidad un sueño. ¿De qué se trataba? Pues, de hacer volar esa curiosa biografía de Michael Jackson desde Venezuela a Nepal.

Bueno, en un principio Mariela no sabía que Rekha vivía en otro continente. Cuando recibió el mensaje en Instagram pidiendo apartar la biografía Michael Jackson: La magia y la locura, la historia completa, pensó que sería un envío rutinario por Venezuela. Pronto se dio cuenta de su error, Rekha quería el libro para su club de fans del cantante, una plataforma que usaba para educar y ayudar a los niños menos favorecidos de Nepal. Mariela Mendoza resonó con esa historia, ya que ella también hacía una labor similar en el estado Bolívar: conectar a personas de todas partes del país, condiciones sociales o intereses, con libros que esperaban ser leídos. Ese compromiso que le había permitido experimentar el gozo de transformar la vida de cientos de niños cuyo contexto económico auguraba un futuro complicado y precario. Entonces, Mariela decidió hacer posible lo imposible. No sabía cómo o cuándo, pero ella haría llegar ese libro hasta Pokhara. Así inició una historia digna de la Odisea.

Primero, Mariela consultó con las empresas de envío que aún funcionaban en el país para tener distintos presupuestos. Allí se encontró con las primeras dificultades: las únicas dos que tenían oficinas en Puerto Ordaz trabajaban únicamente con envíos dentro de Venezuela y hacia Colombia, por lo que resultaba ilógico siquiera pensar que pudiese llegar tan lejos como al continente asiático. Pero Mariela es una persona que no se da por vencida tan fácil, así que lo segundo que se planteó fue recurrir a un método más antiguo pero común entre los venezolanos. Estamos hablando de la famosa ayuda de un amigo. De esa manera, consultó con todos sus conocidos para saber si, por casualidad, alguien viajaría próximamente a Estados Unidos. Desde el norte, sería mucho más fácil llevar a cabo el envío.

Después de tocar muchas puertas, Mariela lo consiguió. Su hermana estaba dispuesta a transportar el libro en su equipaje y, de esa manera, estaban un paso más cerca de cumplir el deseo de Rekha. La historia pudo haber terminado aquí con un final feliz, pero una buena épica no se resuelve en dos actos. Cuando la biografía de Michael Jackson ya estaba en territorio estadounidense, se presentó otro inconveniente. La tarifa de envío era altísima y, aunque Mariela estaba dispuesta a cubrirla, la travesía del libro se fue postergando hasta que, finalmente, quedó abandonado en la casa del amigo de un amigo y se dio por perdido. Como tantos otros deseos que se abrazan y se pierden, Mariela aceptó que, tal vez, su idea había sido demasiado ambiciosa y que no siempre los libros llegan a las manos de sus lectores.

Meses después, cuando la amarga experiencia ya se había rezumado, Mariela recibió un nuevo mensaje en la cuenta de Instagram de Buscadores de libros. Era una foto de Rekha, posando con la biografía de Michael Jackson, desde nada más y nada menos que su casa en Pokhara. Al principio no entendió la imagen, parecía sacada de un sueño. Luego, se sintió incluso más confundida, Mariela se cuestionaba: ¿Cómo había llegado ese libro a las manos de Rekha si se había extraviado en los Estados Unidos? Y aunque pudo haber sido una coincidencia extraña, el paquete firmado bajo el nombre de Mariela Mendoza, rectificaba que al final aquel libro si había podido finalizar su travesía desde Venezuela hasta Nepal.


Ese libro, enviado al otro lado del mundo, forjó una sólida amistad entre Mariela y Rekha. Foto: Buscadores de libros.

Intrigada por el azar que había hecho posible el milagro, Mariela se puso en los zapatos de un investigador y trazó cada uno de los pasos que recorrió el libro para poder llegar a Rekha. Contactó con su hermana y, de esa manera, descubrió que el libro abandonado se había convertido en una pieza de conexión entre extraños. Verán: olvidado en una habitación que había sido ocupada temporalmente, el anfitrión de la casa se consiguió con la peculiar biografía y, picado por la curiosidad, decidió echarle un vistazo. Mariela acostumbra dejar notas dentro de los libros dedicadas al lector futuro que lo tendrá en sus manos. Cuando el anfitrión leyó estas líneas se sintió conmovido y, sin consultarle a nadie y de su propio bolsillo, decidió pagar el envío del libro hasta el continente asiático. Y así, gracias a esta cadena de favores, Mariela y Rekha lograron cumplir este sueño hace cinco años y en la actualidad siguen en contacto.

Cuando Mariela me contó esta historia un jueves lluvioso, pensé en la capacidad que tienen los humanos de conectar con otros, ayudarse entre sí y nutrir las pasiones que mueven sus vidas. Mientras conversábamos, Mariela lo resumió en una preciosa frase: “Es el poder de los libros”. Y sí, pareciera que esos objetos de papel, cartón y palabras tienen la capacidad de enamorar a sus lectores hasta tal nivel que, sin importar las condiciones y las limitantes, algunas personas están dispuestas a dedicar su vida a promocionar, compartir y crear espacios en donde el libro sea un vínculo de identidad y comunidad. Mariela Mendoza y Buscadores de libros, se han convertido en un testimonio de que el libro es una pieza fundamental para la construcción de la sociedad y, particularmente, de la vida afectiva de cada ser humano.


Mariela Mendoza se ha convertido en una importante promotora de la lectura y la adopción de libros en Puerto Ordaz, estado Bolívar. Fuente: Buscadores de libros.

¿Qué papel pueden tener los libros en los vínculos familiares y comunitarios?


Ella misma es un ejemplo de lo que pueden hacer los libros en el corazón de una familia. Entre las memorias de infancia que recuerda con especial cariño, Mariela relata que su hogar siempre orbitó alrededor de los libros. Con una madre que era una voraz lectora, las tardes se compartían alrededor de las bibliotecas, las librerías y los kioscos que traían las últimas novedades de literatura. De esa manera, creció entre Panchito Mandefuá de Pocaterra y Mujercitas de Louisa May Alcott, libros que terminaron siendo claves en su etapa formativa y le permitieron crear un espacio de coincidencias con sus padres. Esta crianza, años después, la replicaría con su propia hija cuando estaba en la etapa escolar y empezaba a mostrar interés por sagas como Harry Potter. Y es que, mientras más conversábamos, Mariela Mendoza me convencía de una regla entre lectores: las personas que crecen rodeadas de libros, viendo a adultos que cuentan historias y aprenden de ellas, terminan naturalmente enamorándose de la lectura y convirtiéndola en parte de su día a día.

Esta inclinación natural por contar historias y crear comunidades alrededor de los libros llevó a Mariela a involucrarse cada vez más en la vida educativa de su hija. En el colegio, organizaba actividades de cuenta-cuentos, bazares de venta de libros y actividades cuyo centro fuese la lectura y el aprendizaje. De esta manera, empezó a tejerse Buscadores de libros, como una razón más para poder compartir y estar presente en la vida académica de su hija que, poco a poco, se fue transformando en un regalo para los niños de otras familias que también empezaron a experimentar el poder de los libros. Y aunque pudo quedarse simplemente en la anécdota de una madre que transformó el colegio con lecturas y libros, Mariela tiene una inclinación natural para unir a las personas con las historias que los esperan. Sashenka Garcia, asesora educativa y editorial que ha colaboradora con el proyecto de Buscadores de libros, lo resumió en una entrevista para Alfabeto del Mundo con Ricardo Ramírez como un “apostolado”.

La palabra podría sonar graciosa y hasta irónica, pero, desde aquellas tardes con su hija hasta la actualidad, Mariela Mendoza ha dedicado su vida a los libros y a la conformación de comunidades lectoras en Puerto Ordaz y en toda Venezuela. Pronto, su pasión traspasó las paredes del colegio y con un par de amigas se fue a recorrer las calles. Empezó a ser conocida como “la señora de los libros”, un título que le permitió convertirse en centro de donativos textos de todo tipo y una invitada concurrente en instituciones educativas. Con el paso del tiempo, las charlas se transformaron en ferias y comunidades, donde cada miembro aportaba desde sus intereses, conocimientos y capacidades. La clave del éxito se hizo cada vez más evidente: la ayuda del otro hace posible la conformación del bien comunitario, como aquel que envía un libro a Nepal para cumplir un sueño ajeno.

De uno en uno, y en el transcurso de 15 años, no han sido pocos los ciudadanos que se han acercado a Mariela para dar su voto de confianza en el proyecto. Entonces, Buscadores de libros no solo ha adoptado libros huérfanos en bibliotecas de familias migrantes, sino también pedacitos del esfuerzo y el alma de cada quién. Algunos han dado su tiempo para dar clases de emprendimiento o apoyo psicológico a chicos del programa social, otros han costeado el uniforme de niños en comunidades poco favorecidas y hasta el mobiliario de las bibliotecas han sido donaciones de la red de amigos que ha ido nutriendo Mariela con el paso de los años.


Buscadores de libros no solo promueve la adquisición de libros, sino toda actividad que permita expandir la creatividad, el conocimiento y la conformación de comunidad. Fuente: Buscadores de libros.

Estos actos marcan la diferencia, sobre todo en un país donde el foco de los padres y las madres está en llevar la comida a la mesa y poco más, porque las dificultades económicas impiden el acceso a otros servicios igualmente necesarios y fundamentales para el desarrollo humano. En una Venezuela —para el año 2025— 3 millones de niños y jóvenes no se encuentran inscritos en el sistema educativo y, por ende, no gozan de los derechos constitucionales que les pertenecen por nacimiento. Una nación que ha visto aumentar la cifra de analfabetismo en todo su territorio, registrando que casi el 3% de su población menor de edad no sabe escribir o leer. En este panorama, donde los libros y la educación quedan relegados a un segundo plano, los ciudadanos han entendido que la diferencia solo se puede hacer si viene de nosotros mismos y que, aunque existan dificultades en el camino, la perseverancia de la comunidad puede hacer una diferencia ante un sistema educativo cada vez más precarizado.

Mariela Mendoza personifica esta creencia y la peregrina. En los primeros años del proyecto, cuando aún no tenían una sede física, se iba a las paradas de autobús en Puerto Ordaz y entregaba libros a los pasajeros. “Algunos no aceptaban los libros, otros los dejaban en la unidad o los botaban, pero yo siempre he apostado por aquellos que los aceptan y los incorporan a su vida”, cuenta al respecto. También aclara que se trata de una actividad que se moviliza con base en la resistencia y sin prejuicios: “Estoy segura de que muchos pensaban que estaba loca”, señala cuando recuerda aquella vez en la que se llevó una tela tipo lienzo, la colgó en una de las paradas más concurridas de bus e invitó a algunos artistas locales, para animar a los transeúntes a pintar. El resultado, tal vez, no fue una hermosa pieza, asegura, pero es un día en la vida que puede cambiar la de otro ser humano y ese pensamiento la deja satisfecha.

Y es que, en busca de conectar con las personas, Mariela no tiene miedo de salir de la zona de confort, probar diversas temáticas y buscar la utilidad del libro más allá del entretenimiento o la belleza artística. Buscadores de libros también llevó a las paradas de los autobuses protectores solares y educación sobre el cuidado de la piel, un conocimiento extremadamente útil en una ciudad donde las temperaturas pueden rebasar los 30 grados centígrados. De la misma manera, no ha tenido miedo a experimentar con talleres de Origami, cuenta-cuentos, de gastronomía o hasta manualidades, la idea siempre ha sido permitir crear un espacio en donde las personas puedan expresarse, formar redes de apoyo y explorar sus intereses desde distintas aristas.

Lo que empezó como un grupo de padres amantes de la lectura, evolucionó a una organización para la promoción y distribución de libros en toda Venezuela, que en la actualidad se ha convertido en una obra social que está cambiando a las comunidades del estado Bolívar desde sus cimientos. Dentro de la misma iniciativa de Buscadores de libros, son abanderados de un frente llamado Juntos hacemos la diferencia, un proyecto incluso más ambicioso que trata de llevar bibliotecas y sala de estudio a los barrios.

Iniciaron con los niños del Mercado Municipal de Puerto Ordaz, bajo la tutela de su maestra de la escuela. “Muchos de esos niños trabajan en el mercado” y, algunos de ellos, incluso no formaban parte del sistema educativo, pero eran habituales del lugar y decidieron unirlos al programa. La idea era que los donadores de Buscadores de libros pudiesen apadrinar a un niño en su carrera educativa, proveyéndoles de uniforme, útiles y los libros necesarios para poder ir a clase sin problemas. La iniciativa funcionó por un tiempo, pero con el paso de los años se fue disipando por la falta de un lugar en donde pudiesen coordinarse, mantener el contacto y, sobre todo, comprometerse. Pero, a pesar del aparente fracaso, Mariela no se dio por vencida. Sabía que en esta tarea venas adentro, en lo más profundo de nuestra sociedad, era donde realmente los libros iban a conseguir llevar a cabo su proceso transformador. Entonces, lo volvieron a intentar, pero ahora en el barrio Cambalache.


Espacios para aprender ajedrez, leer libros de su interés y explorar distintas profesiones es lo que genera Buscadores de libros para los chicos del estado Bolívar. Fuente: Buscadores de libros.

Lo que inició como un padrinazgo, rápidamente, trepó a la constitución de una biblioteca para la comunidad. Una madre se acercó a Mariela para plantearle el caso que tenían entre manos: la biblioteca de la escuela cerraba en las tardes y los fines de semana, cuando los niños tenían que hacer las tareas. Por si fuera poco, para el año 2017, no existía conexión a Internet en el barrio y la señal telefónica era muy inestable. Entonces, a los niños se les dificultaba enormemente poder hacer las tareas en sus casas y repasar las clases que habían visto en la escuela. En este contexto, se le había ocurrido una idea, prestar su sala para que los niños de la comunidad pudiesen ir a estudiar, pero necesitaba la ayuda para poder dotarla de los implementos necesarios para que fuese verdaderamente útil. Mariela vio en esta idea lo que no se pudo lograr en el mercado y, poco a poco, fueron equipando la sala con el mobiliario, los libros y las mesas necesarias para que todo aquel que quisiera pudiese utilizarlo como sala de estudio.

En la actualidad, más de una veintena de niños disfruta de esta biblioteca y de las actividades que se llevan a cabo en ellas. Los niños tienen sus propios uniformes, donados por personas en el extranjero que apoyan la iniciativa, e incluso se está llevando a cabo la construcción de unos baños en buenas condiciones para ellos. Lo que inició en el Mercado, se cristalizó en Cambalache y ahora Mariela también está ayudando a una comunidad de El Pao, la zona minera, donde los habitantes destinaron una vivienda para la biblioteca comunitaria y se encargan de mantener el lugar limpio, a los niños con sus uniformes y en cumplir con la organización de los eventos.

Se trata de un trabajo de hormiga que ha logrado cambios de por vida. Por ejemplo, hay jóvenes beneficiados por estas iniciativas que hoy en día cursan sus primeros años universitarios o ya se encuentran trabajando un oficio que les apasiona. “Hay un chico que está estudiando ingeniería en una universidad privada con el esfuerzo de sus padres”, comentó Mariela con una sonrisa de orgullo. Y es que cuando uno escucha a hablar a Mariela de estos niños, se siente la trémula voz de la satisfacción de una madre que los está viendo crecer y convertirse en los ciudadanos del mañana. Es la calidez el otro elemento constitutivo que ha cohesionado a estas comunidades alrededor del libro, porque Mariela con su temperamento fuerte, su energía inagotable y su pasión por compartir, ha ido edificando espacios en donde cada colaborador y participante puede desarrollarse en el absoluto respeto y con compromiso.

“Yo a los niños les digo que no les voy a dar estrenos, que si esperan regalos míos de navidad serán libros, cuadernos y lápices”, dice Mariela mientras se ríe. Me confiesa que es “una persona seca”, pero me cuesta creerlo luego de hablar cuatro horas con ella y escuchar cada una de las historias que ha conformado su vida entregada a los libros. También por las veces que ha montado una docena de niños en su camioneta y se los ha llevado a comer perros-calientes en su casa, o las otras tantas veces que ha llegado a las bibliotecas comunitarias y se ha encontrado con una verbena para que todos compartan. Me cuesta creerlo porque conozco de primera mano, luego de haber sido jurado de uno de los concursos de poesía que patrocina el proyecto —Buscando poetas—, como trenza el puente con las nuevas voces de escritores, se toma el tiempo de escucharlos, entenderlos y apapacharlos de libros con dedicatorias. Entonces, un muchacho que escribe siente que sí tiene un lugar en el mundo literario y que vale la pena seguir poniendo letra con letra, imagen contra imagen, hasta que alguien más lo lea y se transforme.


Adrián Reyes fue el ganador del octavo premio Descubriendo poetas, siendo luego premiado por otro de nuestros concursos estrella de poesía, el Rafael Cadenas. Fuente: Descubriendo poetas.

“Uno tiene que devolverle la dignidad a las personas”, fue una de las últimas frases que me dijo Mariela esa tarde que hablamos. Luego de haber recorrido una vida dedicada al servicio del otro y a la construcción de una sociedad alrededor de los libros, ella se queda con ese aprendizaje. Lo importante no ha sido que los niños lean un libro más o un libro menos, que un padre haya aprendido a doblar perfectamente el papel de un Origami o que la abuela sepa colorear mándalas, sino cómo se han sentido luego de haber hecho cada una de esas actividades y compartido con otras personas con intereses similares. El sentirse digno, capaz, esperanzado por el futuro; esos son algunos de los poderes ocultos que nos otorgan los libros y la gente que se dedica a ellos.




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