“Hay poemas sobre el miedo, el exilio y la crisis política venezolana”
Editorial Revista Poética presenta A un respiro de la orilla, una obra entrañable del poeta venezolano Manuel Hernández.
Manuel Hernández estudió ingeniería eléctrica en Venezuela y realizó estudios de posgrado en la Universidad de Cornell (Estados Unidos). Desde su diagnóstico de diabetes en 2002, se ha consolidado como un defensor global de los derechos de las personas con diabetes. Poeta desde su adolescencia, fue editor de Opinión en el periódico universitario y, tras su llegada a Estados Unidos en el año 2000, se desempeñó como editor de Tecnología en el portal bilingüe QuéPasa.
Su más reciente poemario A un respiro de la orilla ya está disponible.
¿Qué va a encontrar el lector en este poemario?
Va a encontrar un libro que se pasea por el filo entre hundirse y llegar. Hay elegías a personas queridas, poemas sobre el miedo, la culpa, el exilio, la crisis política venezolana. Pero también hay música, cine y hasta un cóctel en Winter Park. Cada poema construye una escena concreta: no solo nombra la emoción, sino que la muestra. El libro está dividido en cuatro olas, como si el mar no terminara nunca de retirarse. El lector va a encontrar algo que reconocerá aunque no haya atravesado las mismas vivencias que yo.
¿Quién o qué respira en tu orilla?
Hay varias personas y personajes. Una de las personas más queridas es mi prima Alicia, que aparece en "Ojos azules" y ya no está. Carlos Souki, un querido amigo que fundó la Discotienda Esperanto en Caracas y la Librería Altamira en Miami, y cuya huella está registrada en el libro. Referencias musicales vitales para mí: Bill Evans tocando por última vez, David Bowie con sus pupilas de dos colores, Coltrane elevándose en espiral. Y Venezuela misma: las guacamayas que se llevaron sus colores a otros balcones, el silencio falso de Caracas en julio de 2024, los mangos en el pavimento. Todo eso respira y mucho más, o intenta respirar, en la orilla.
¿Cómo fue el proceso de escritura? ¿Tomaste un respiro para escribirlo?
Mi primer poemario, Laberinto, nació durante la pandemia, cuando me reencontré con la escritura después de años. Este libro fue fruto de ese impulso, pero con más oficio. He trabajado en talleres con Giovanna Rivero, María Antonieta Flores, Fedosy Santaella y otros. De hecho, dos de los poemas fueron el resultado directo de uno de esos talleres. Como proceso, me reuní durante buena parte de 2025 con Kira Kariakin, una gran amiga, poeta y editora, para revisar los textos que iba escribiendo. Su mirada aguda me ayudó a afinar los poemas y a crecer un poco más como poeta. Algunos textos llevan fecha: "Silencio" es del 31 de julio de 2024; "Entre los mangos", del 8 de agosto. La escritura de muchos de los poemas fue casi periodismo del alma, a partir de apuntes tomados en medio del caos, en caliente. El respiro vino después, al ordenar todo en olas.
¿Qué tan presentes están la migración y tu país en los poemas?
Muy presentes. Hay un poema que termina así: "Todo / pasa / me lo dijeron / saliendo de Venezuela, / en septiembre de 2024". Esa fue la última vez que estuve en Venezuela, mi país de origen. El libro registra lo que ocurrió allá en ese año electoral: la represión, el silencio de las armas, la transmisión en vivo de la detención de María Oropeza, quien recientemente fue liberada. Y también registra la diáspora interior: cargar el país por dentro mientras uno vive fuera. "Mudanza" y "Final call" se refieren a ese desplazamiento.
¿Algún autor o libro que te cambió la vida?
El libro tiene muchas pistas claras. Un autor que empecé a leer luego de su muerte en 2024 fue Paul Auster, y le rindo un pequeño tributo a través del epígrafe del poema "Correr frente a ti". Rafael Cadenas, la voz poética venezolana más honda para mí, abre "La culpa". Si tuviera que elegir un libro que me cambió al reencontrarme con la literatura, diría que fue Amante de Cadenas. Me enseñó que la contención puede ser más poderosa que la elocuencia. Dos libros más que me tocaron de cerca fueron Paisaje con grano de arena, de Wisława Szymborska y Devotions, de Mary Oliver.
¿Crees que la IA aprenderá a escribir poemas?
Ya los escribe. La pregunta más interesante es si algún día logrará evocar emociones que hoy en día sólo alguien que vio o vivió algo puede sentir. Un poema como "Ojos azules" existe porque mi prima murió de cáncer. "Mariupol" existe porque una madre escribió los grupos sanguíneos en los brazos de sus hijos antes de que los mataran en Ucrania. La IA puede imitar la forma de ese dolor con una precisión asombrosa. Pero no habrá nadie que llore al terminar el poema. Y eso, por ahora, marca la diferencia.
