Orlando Arocha: “Debemos decir que estamos aquí”


La Caja de Fósforos, espacio que cumple 8 años de actividad, encabeza la producción de Solo yo escapé, pieza absurda y distópica que está en cartelera hasta el domingo



María Angelina Castillo

Los creadores teatrales que hacen vida en La Caja de Fósforos han lanzado la mano nuevamente al público en busca del encuentro. O del reencuentro, más de año y medio después de decretarse en Venezuela un confinamiento que aún paraliza ciertos sectores de la vida pública. Y también de la privada.

Desde la sala teatral que es una y muchas a la vez, y que está ubicada en la Concha Acústica de Bello Monte, el director Orlando Arocha habla sobre las propuestas que ofrecerán a los espectadores en los meses que restan de 2021, además de los trabajos realizados para celebrar los ocho años de actividad artística de la sede, donde confluyen las agrupaciones Teatro del Contrajuego y Circuito de Arte Cénica, encabezados por Diana Volpe y Ricardo Nortier junto a Arocha.

Tras meses de proyectos audiovisuales, La Caja de Fósforos ha vuelto a las funciones presenciales con Solo yo escapé, pieza de Caryl Churchill, escritora británica cuyo trabajo busca lo fragmentario y surreal para tratar temas como los abusos de poder, las políticas de la sexualidad y los géneros. Dirigida por Arocha, estará en cartelera hasta este domingo 15 de agosto, con función a las 5:00 pm. La entrada es gratuita; los interesados solo deben reservar su ticket escribiendo al correo lacajadefosforos@gmail.com. Como medidas de bioseguridad, el aforo es reducido y es obligatorio el uso de mascarillas.

Protagonizada por Diana Volpe, Haydée Faverola, Virginia Urdaneta e Iliana Betania, la comedia absurda y distópica reúne a cuatro mujeres en torno a la ceremonia del té. Cada día, a las 5:00 de la tarde vuelven sobre diversos temas de vida, sobre chistes, chismes e incluso imágenes de un apocalipsis que viene, o que tal vez ya está aquí.

“La obra tiene una cosa ruda pero muy humorística y divertida. Es un texto sumamente difícil porque es de diálogos fragmentados: la autora da una parte y el resto lo completan las actrices en un proceso que implica casi coescribir la pieza. El título alude a un texto bíblico: solo yo escapé para contar los horrores que vi en el futuro que se aproxima”, expresa Arocha.

¿Cómo ha sido este último año y medio para La Caja de Fósforos?
Ha sido de estancamiento, pero a la vez de buscar nuevas vías. Y hacia estos últimos meses, hemos logrado, a través de las redes sociales y las herramientas audiovisuales, elaborar una cantidad de productos. Presentamos Casa imaginaria, que fue un evento importante para nosotros, así como Etnografía del encierro. Con estos tocamos temas fundamentales: el encierro y la casa, dónde está nuestra casa a partir de la diáspora. Fueron proyectos que nos llevaron mucho tiempo y esfuerzo, tuvimos la oportunidad de trabajar con gente joven. También hicimos audiovisuales, de los que estuvo a cargo Ricardo Nortier: Bicho raro y Lock Down. La idea era abrirnos a nuevas formas de arte, con las que ya habíamos coqueteado, pero nunca de una manera tan firme. Eso va a quedar fijo en nuestra mente ya. Ha sido un año de reflexión, reorganización y de dejar claras las cosas importantes, enfocarnos en aquellos temas que nos tocan, que nos hacen más fuertes en medio de todo lo difícil, y fortalecer otras cosas.



Además de la programación aniversario, ¿qué traerá La Caja de Fósforos?
La celebración del aniversario se cumplió con Casa imaginaria, Etnografía del encierro y Solo yo escapé. Ahora vamos a la temporada normal, dentro de lo que cabe. Seguimos con un ciclo de lecturas titulado Quirófano Empanada, a partir de un espacio de encuentro que hicimos por Zoom en el que varios creadores trabajamos algunos textos: yo abordé una adaptación de Robinson Crusoe, un hombre solitario en una isla que recupera lo humano y la conciencia de lo que es. Ana Melo elaboró un texto sobre un dramaturgo al que le encargan una obra acerca de la migración y no logra hacerla, por eso tiene problemas con sus personajes. También Diana Volpe hizo un texto sobre gente que vive vidas paralelas pero están más juntos de lo que piensan. Y Anton Figuera, un joven que trabaja con nosotros, dio sus primeros pasos hacia la dramaturgia. No presentaremos las obras completas, sino semi montadas, con elementos de escenografía, con la mitad del texto aprendido. Pero queremos al público allí, conversar con ellos, que los espectadores formen parte del proceso y preguntarles qué les pareció, qué los confundió, qué les gustó. Parar, sacar y meter cosas, operar las obras en ese quirófano. Esto vendrá pronto, en unas semanas. Luego viene otra obra que ya había presentado en video y ahora será en vivo: Una buena inversión, de Fernando Azpúrua. Y de ahí nos queda un último proyecto que será de clásicos españoles. Dependerá un poco del movimiento y la posibilidad de abrir la sala.

¿A qué apuestan en este contexto país y pandémico?
Es un momento de transición. Venimos de un encierro bastante fuerte. Ahora estamos juntos de nuevo y creo que hay una capacidad de maniobrar con lo que venga. Estamos dispuestos a jugar el ping pong de la situación, según venga la bola veremos cómo bateamos, porque no hay de otra. Planificamos a sabiendas de que toda planificación es un acto de fantasía en este país, o de fe. Uno piensa que va a ser de una forma, pero las cosas cambian tan bruscamente que hay que tener conciencia de ello. Bailar el ritmo. Apuntamos a que el público vea textos y espectáculos como nos gusta hacerlos: divertidos, pero que plantean problemas, que nos sirvan para mirarnos mejor, y más en esta época. Aunque sea de lejos, por el distanciamiento sanitario, tener la presencia del público. Eso es muy importante para nosotros y también lo es para la gente ver al actor ahí, que no sea a través de un audiovisual. Para el teatro y las artes escénicas en general ese encuentro tiene que darse.

¿Hay algo que deba decir el teatro en estos momentos?
Hay mucho que decir al público. Estamos en una situación de pandemia en un país que, como yo digo, vive una posguerra sin guerra. Un poco lo que dice la obra Solo yo escapé: esa gente vive un post apocalipsis sin haberlo vivido. Hay un país con una situación muy difícil y debemos decir que estamos aquí, dispuestos a vernos las caras, a contar la historia de lo que nos pasa de una manera u otra. Nos pasa esta pandemia, esta posguerra, las dificultades cotidianas, las dificultades de vivir. Y es de lo que queremos hablar. Tratar de entender cómo somos y en qué nos estamos transformando. Con estos espectáculos que tenemos planteados, como el ciclo de lecturas dramatizadas, vamos creando un universo donde las obras nos reflejan no solo en la crisis de la comida o los servicios, eso puede estar ahí, pero es el cómo estamos nosotros internamente frente a lo que vivimos en esta doble pandemia.



Fotografías cortesía de La Caja de Fósforos
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