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Armando Scannone y la tradición de nuestra cocina


¿Es el gran recetario de la comida venezolana? Sin dudas lo es, pero también es muchas cosas más: el gran archivo gastronómico de la nación, la pieza decorativa que le da autoridad a cualquier cocina que pretenda ser respetable, el longseller de la industria editorial, el legado de un hombre brillante.

Por Reynaldo Hernández
Twitter: @reynaldoahm



Para alguien a quien le gusta cocinar, pero cuenta con poca destreza, los tomos de Mi Cocina de Armando Scannone pueden ser una importante hoja de ruta. Para alguien a quien no le gusta la cocina pero necesita cumplir con una tarea, quiere agasajar a alguien o sencillamente tiene el propósito de ser autosuficiente, sucede lo mismo: puede encontrar en estas biblias del sabor un importante aliado para alcanzar el objetivo. Es una herramienta útil para un cronista, un antropólogo, una mecánica, un amo de casa, una chef, un jardinero, tu tía, un extraterrestre. ¿Es el gran recetario de la comida venezolana? Sin dudas lo es, pero también es muchas cosas más: el gran archivo gastronómico de la nación, la pieza decorativa que le da autoridad a cualquier cocina que pretenda ser respetable, el longseller de la industria editorial, el legado de un hombre brillante.

Armando Scannone ha sido el precursor, el ícono de una forma de identidad que perdurará durante el tiempo que dure este territorio como nación, tal vez más allá, porque si algo vale la pena conservar es el recuerdo de aquello que a todos nos ha hecho felices. Desde la diáspora, ¿cuántos no hemos agasajado a algún amigo, de esos que hemos conocido por todo el mundo, empleando alguna de las recetas aprendidas gracias a este libro? ¿Cuántos no hemos recibido (o sido recibidos) con un apetitoso guiso sacado o aprendido gracias a este? Pocos nos han regalado esa valiosa identidad. Las memorias gustativa y olfativa, dicen los expertos, son las más fieles, las que mejor se conservan en el ser humano. Las que más nos conmueven, en todo caso. Por eso, habiendo tantos libros rojos en la historia universal, Mi Cocina: a la manera de Caracas, su libro rojo —mi libro rojo—, le da al fin una connotación sabrosa y no sabionda al mote. Tal vez habría que exhibirlo más, tal vez muchas más regiones del continente encuentren en él no solo la sabrosura, sino la fórmula probada y efectiva de congregar a las masas en una causa realmente trascendental, preservar la más valiosa memoria colectiva, la del gusto.

Scannone tuvo como formación académica la ingeniería, no las artes culinarias, esa quizás sea una de las claves que han convertido a sus libros en herramientas precisas, casi infalibles, para cualquier persona capaz de atender sencillas indicaciones. Su metodología no es cosa de otro mundo, solo es el resultado de la voluntad de conservar aquello que se atesora, practicidad para la ejecución de un plan y destreza para transmitir el mensaje. Y sí, la genialidad la mayoría de las veces no implica acceder a formas complejas, inaccesibles para la mayoría, sino en ser universales a partir de campos específicos, en ver los puntos clave en los cuales convergen distintas disciplinas y darles un sentido eficiente, del que todos podamos participar. Tal vez sea esa la democracia real, definitiva. 

No tuve oportunidad de conocerlo personalmente, pero, en voz de gente cercana que sí tuvo el placer, se trataba de un hombre observador, sereno y generoso en la conversación. No es complicado recrear y confirmar esa imagen a partir de una pesquisa rápida de su legado. Y desde estos pocos rasgos nadie podrá ignorar la importante pérdida que su partida representa. Pero vale también la ocasión para mantener viva su pasión, que ineludiblemente nos encierra a todos: disfrutar de los sabores en torno a una mesa, con gusto, generosidad y una buena conversación.

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